viernes, 8 de febrero de 2008

Cisne y Serpiente




Ella se desplazó con la dulzura de la que solo es capaz una combinación tétrica entre serpiente y cisne. Se separó de su grueso abrigo blanco, este se dejó caer luego como un inusualmente pesado copo de nieve. Sus piernas se abrieron para posarse sobre mí. Yo no lo disfrutaba, como podría haberse pensado, no podía sentir ninguna clase de placer al estar amordazada y atada a una silla incómoda de madera. Sus labios se paseaban por mi cara, pero no eran húmedos, más bien eran ásperos, calientes, enrojecían mi piel, siempre había sido de dermis delicada y tenía que usar cremas para que el sol no me dañara.
"¿Me deseas?" Susurró a mi oído aquella femenina criatura. "Claro que te deseo, no importa que seamos del mismo sexo, eres una belleza imposible de no tomar en serio, eres mi ideal estético de mujer, eres perfecta, excepto en el hecho de que eres una psicópata" pensaba yo mientras ella seguía contorsionándose y restregándose sobre mi. Mi lesbianismo nunca me había causado problemas, pero esa mujer parecía haberme secuestrado precisamente por esa razón. Y ella continuaba paseando sus labios sobre mi rostro, pero pronto se aburrió de este y se desplazó a mi cuello, mis hombros y, luego, despojándome de mi sujetador, movía juguetonamente su boca por mis pezones, hasta ahora todo era ya soportable, a pesar de no ser agradable, no me llaman la atención los juegos sadomasoquistas.
Deseaba a esa mujer, pero habría sido mucho más conveniente en otras circunstancias. Algo cambió terriblemente, algo que era indicador de que esto no se trataba de algo común (entiéndase como se entienda), de algo "humano". Ella paseó su lengua bífida por mi pezón izquierdo. ¡Si, dije lengua bífida! era viscosa, húmeda y caliente, pero no por el calor corporal, sino por esa saliva corrosiva que le escurría y que irritaba mi piel a niveles peligrosos.
Ya antes la había comparado con un cisne y una serpiente, pero ahora sé que ella es toda serpiente y nada de cisne, lo que tenía de esta ave se ha caído ya, su plumaje yace en el suelo en forma de grueso abrigo de invierno.
¡Me ha disparado en un brazo! El dolor es insoportable, y más aún cuando ella hunde su larga lengua en mi herida para lamer la sangre. Parece no convencerle el sabor y me mira fijamente con esos ojos bellísimos, hechizantes, hipnóticos.
"¿Me deseas?" me pregunta de nuevo, a pesar de todo, no sé que tanto ha cambiado la respuesta desde la última vez. Ella es hermosa, es impresionantemente bella y a pesar de todo, elegante. Su boca y su conducta inhumana son lo único que la separan de ser la más hermosa entre las más hermosas criaturas. Sostiene el arma cuando me ve fijamente, me desea, pero no como mujer, ¿entonces, como?
Quita la mordaza y antes de que yo pudiera reaccionar ella me besa y su lengua se sumerge en mi boca. Me quema, me lastima, se hunde cada vez más profundo, no sé que tan hondo ha llegado, pero si es bastante. No soy su juguete, no soy su amante, no soy su víctima ni su diversión. ¡Soy su alimento!
Me voy con una seguridad en mi poder, he besado a la mujer más hermosa del planeta, y puedo dar mi alma como aval de este juramento.

jueves, 7 de febrero de 2008

El último juego de maullidos


Si eso no hubiera bastado, no sé que más hubiera hecho. Tal vez ya no me quedaban ideas, y tuve que utilizar un último recurso indeseable. Me arrepentiré de ello en el futuro, lo sé, muchos han hecho cosas parecidas y tienden al amargo arrepentimiento posterior. Me he perdido de nuevo, ¿Qué estaba yo diciendo?
Ya no importa. Mañana todo se olvidará como suele suceder. A nadie le interesa la muerte de un gato, ¿verdad? A mí si me importa, yo lo maté, tuve que hacerlo, tuve que silenciar a ese terrible espíritu disfrazado de minino. Quizá ahora pueda disfrutar pacíficamente de una taza de descafeinado, mi doctor me ha recomendado no consumir cafeína o nicotina, así que me veo obligado a obedecerle. ¿Qué tengo? Interesante pregunta, realmente no lo sé. Realmente no me han podido diagnosticar nada. Alabo a la ineptitud e incompetencia médica de este miserable país, nadie sabe lo que tengo y mientras tanto soy libre, en lo que cabe. Tengo un par de proyectos en mente que no podía concretar por el demoníaco acoso de ese mal nacido felino.
¿Demasiado habar de ese infernal gato? Ah, claro, me disculpo, solo he contado que maté un gato, pero nunca he dicho el como ni el porqué. Para saciar curiosidades intentaré contar esa loca época en la que comenzaron los maullidos. Recuerdo que aquella primera mañana mi esposa estaba cocinando y yo me vestía para el trabajo, como de costumbre, pero en esta ocasión había algo distinto. Desde la ventana un maullido se dejaba oír, era constante y pronto comenzó a resultar molesto. Le grité al vecino que callara a su odioso gato, desde el balcón contiguo ese embustero de mi vecino negó la existencia de un gato, pero no podía ocultar a ese infeliz felino por mucho tiempo, cuando se descuidara yo me encargaría de él.
Esa noche mi mujer me contó acerca de la vecina, de lo feliz que era ahora ese matrimonio con su nuevo miembro. Yo contesté con un tono molesto que si bien ellos eran muy felices, el escándalo que causaba era terrible. Mi esposa solo me miró con aires de extrañeza, “lo que me faltaba”, pensé, “incomprensión de parte de mi esposa, este matrimonio irá en picada antes de darnos cuenta”.
Los maullidos de ese molesto animal me aturdían los oídos día y noche, y me negaban la concentración. Por aquel entonces mis niveles de cafeína diarios eran tan altos que mi orina bien había podido ser tan oscura como el café en cualquier momento. Pronto mi desesperación creció a un nivel insano, planeé una estrategia para deshacerme de esa criatura infernal, sus terribles lamentos eran cada vez más frecuentes y fradaban con insistencia en mi cordura.
Una taza de azúcar, clásico, pero no tan clásico es tener un cuchillo de cocina fajado en el cinturón, oculto por su puesto, así en lo que la vecina me surtía con la dulce azúcar yo silenciaba al maldito gato. Toqué a la puerta, me abrió mi bella vecina, bien podría tener con ella alguna aventurilla futura, “si, se me ofrece algo” esa taza se fue hacia la cocina en las manos de esa mujer de encantadoras curvas, que últimamente habían lucido algo flácidas desde que regresó de aquel viaje. Seguí los maullidos, estos psicópatas cuidaban tanto al animal que le tenían un mueble cuna especial. No lo pensé y lo atravesé solo dos veces, más que suficientes creo yo. No importa si la mujer se espanta con el cadáver del minino después. Lo negaré todo. Me deshice del cuchillo cuando regresé a casa. Efectivamente, poco después se escucharon los gritos aterrados, no entiendo por que tanto alboroto por un gato, hay policías y… ¡Se llevan a mi vecina!
Algo no me parece normal, ¿desde cuando el asesinato de mascotas es un delito grave en esta ciudad? “Yo no se nada, yo no se nada” decía cuando alguien me preguntaba. Regresé a mi habitación y mi mujer me pareció muy angustiada.
Creo que en un tiempo se olvidarán del asunto, los gatos no son gran noticia por demasiado tiempo. Y esta es la historia de ese odio animal del que me he deshecho. No siento culpa aún por ello, pero tal vez pronto. Mientras tanto continuaré tal como estaba, con mis proyectos, con mis planes, con mi tranquilidad, con mi recién recuperada paz.
¿Policías, en mi puerta? ¿Qué querrán?...

martes, 15 de enero de 2008

Nacho Vegas - La cancion de Michi Panero

¡Largo ya de aqui! ¿Que quereis de mi? ¿Es mi alma o es mi dinero? Si de uno carezco y la otra es una anomalia en esta vida.

viernes, 21 de diciembre de 2007

La Respuesta II




El lodo que se mete entre mis dedos es casi insoportable. Un hedor putrefacto nace de las ciénagas y deja a relucir la potencia de los venenos del alma, culpa la llaman los vientos que juguetean en rededor mío. Y aúllan, y sacuden el ambiente con júbilo pequeño, como si intentasen disminuir o disimular los fétidos aromas del lodazal. Yo solo me fugo de este pantano, pero manos cadavéricas surgen para impedir mi retirada, y desde el fondo de sus gargantas vomitan y salpican el ámbito con una lastimera y repetitiva palabra, que se convirtió, a poco, en el coro omnipresente de esta vil situación; ¡culpa! Y como si el infierno fuera poca cosa, un terror de mil demonios mortificaba mis pensamientos y sensaciones con su aborrecible presencia. Lastimaban mi piel y mis oídos, pero hacían lo propio aún en peor medida con los putrefactos seres que me impedían la huida. Los demoníacos entes simplemente se desvanecieron en una hecatombe de sangre hirviente, simplemente ya no estaba ahí, sino en algún sitio alejado de cualquier cosa. Aún sentía presión sobre mis extremidades, y eso me sorprendió aún más, pues me había percatado de mi nueva capacidad para sentir. Aún ignoro si los enviados de los infiernos habían ido a mi rescate, o si salí librado por una fortuita coincidencia en medio de una voraz batalla entre los habitantes de los fangos infectos y los diablos del submundo.
Quizá el frío de tus manos no me importó, pues te sentía de cualquier modo. Descubrí que podía sentir aquí y del otro lado. Es difícil ser un semi cadáver. Tus dedos se enroscaban entre los míos y se me antojaron melancólicos, como solo podría serlo un alma invadida por el frío del desasosiego. Entre palabra y palabra que pronunciabas cerca de mi rostro, un beso poco significativo y suave, frío también, me acariciaba los rígidos labios. No hubo lágrimas, ni tuyas ni mías, de cualquier forma, mis lagrimales estaban “fuera de servicio”.
El gas que corre por mis venas se tornó frío cuando el hálito de otros condenados llegó al sitio que se encuentra en el envés del mar de pesadilla. Condenados a vagar y existir siempre ahí. Yo también era un prisionero del sueño, y de no tener las necesarias precauciones podría sufrir un destino similar. Los vi ser lanzados desde los majestuosos cielos, desde donde espesas nubes violáceas contemplan lascivas el paisaje que se encuentra en rededor suyo, malditas voyeuristas, y al ir cayendo a los condenados reinos del olvido del mal sueño se quemaba su piel etérea, se desfiguraban sus rostros, y se retorcían en agonía espantosa. No deseo imaginarme el cómo se ganaron aquel cruel destino. Las decisiones suelen ser equivocadas y no existe redención a ellas, al menos, no de este lado. El otro lado es aún más inmisericorde, pero con castigos más livianos en comparación. Uno desea viajar al sueño, ignorando que el sueño puede convertirse en temible pesadilla.
Aún mis párpados son cosa inútil. Y simplemente hay blancura a mí alrededor. Si tan solo el aire fuese mío, conseguido por mi propio mérito. Pero es artificio del ingenio humano el que me mantiene atado al mundo que no he pedido como morada. No culpo ni reniego, es solo que deseo que lo que por tanto tiempo he buscado se haga presente, al fin, de un momento a otro. Aún cuando eso significase mi ruina.
Por fin he llegado, el torrente de arena, la corriente en el centro. Ignoro su ubicación, tal vez no exista tal, quizá es solo un momento en el espacio y tiempo que se repite periódicamente o de modo completamente aleatorio a nuestros prejuicios. Y sin embargo, a pesar de todas mis lucubraciones acerca de su naturaleza, lo siento, lo contemplo, como solo lo etéreo puede ser visto por lo etéreo. Una vez, en algún lugar y situación que no me molestaré en recordar, escuché que la realidad es independiente del sujeto cognoscente, y eso es lo que sucedía con la fuente de todas las arenas que ahora se encontraba en mi presencia. Y es que por más suposiciones que se me pudieran ocurrir sobre su origen y naturaleza, jamás podré adivinar la realidad. Solo me resta describir, en verdad solo me queda eso, pues mis suposiciones se han visto subyugadas a la ignorancia que me ata al simple acto de observar. El centro es brillante, con destellos fluorescentes en colores tan variados que el ojo humano no podría reconocer ni distinguir. Los vapores surgían desde el fondo torrencial, como… No creo encontrar una comparación. Es como mil millones de auroras australes hechas de diminutos diamantes policromáticos en actitudes extraordinarias, danzando en una espiral de brazos hinchados de fuerza, conteniendo en cada uno de ellos los aromas de épocas pasadas, de recuerdos en vigilia y en el territorio del sueño, sentía todo lo que había sentido en toda mi vida a un tiempo, sentía aquella tristeza que me invadió cuando vi marcharse a mi padre a los cinco años de edad, sentí aquella alegría del primer amor en la secundaria, sentí la ira contra aquel abusón en la niñez, sentí la impotencia de quien quiere cambiar al mundo y resolver las injusticias, la excitación al sentir la piel de una mujer desnuda con mis propias manos, sentí y sentí mil cosas más, sentí y percibí los aromas que han invadido mi ambiente durante mi vida, el chocolate, la canela, el cigarrillo, la tierra mojada, que con los sonidos que palpitaban todos juntos en mis oídos, formaban un cúmulo casi insoportables de sensaciones, a pesar de lo que pudiera pensarse, cada sonido era perfectamente distinguido por separado a pesar de ser percibidos al mismo tiempo, tales podían ser tan agradables como el canto de una madre, el sonido de campanitas en un cobertizo, la melodía de pájaros madrugadores o una melodía en un lejano piano, o bien algo más desagradables como el sonido de un grito aterrador, la sirena de ambulancias, gotas cayendo sobre el aluminio, o el estallido de un arma de fuego. Sabores múltiples en la lengua, el sabor de mi propia sangre, del dulce chocolate, de tus pezones jugueteando en mi lengua, de tus labios, de algún limón alguna vez degustado o de un lejano vino, el sabor del polvo al caer al suelo o el sabor desagradable de las pastillas. Pero nada superaría a la vista, es este el sentido que más necesitamos y del que más nos jactamos los seres humanos, es el sentido que regularmente nos hace cometer más errores y menos aciertos y es el sentido en el que, paradójicamente, más confiamos. Lo que vi en ese momento era todo, y por todo me refiero a cada una de las imágenes que pasaron ante mis ojos a lo largo de mis años. No intentaré describirlas, como he hecho con los otros sentidos, pues no doy crédito a lo que me he visto obligado contemplar, y prefiero no repetirlo en mis palabras. Todo, todo ello y más contenía en su interior aquella sustancia, objeto, lugar o lo que sea que fuere o de lo que se tratare el centro torrencial de las arenas, como se le había nombrado de este lado de la realidad. En ese momento era capaz de entender cada uno de los secretos de la vida, o al menos de la mía, se trataba de una especie de espejo en el que te contemplabas tal cual, y eras capaz de sentir la historia, y de augurar tu destino de entre tantos posibles que pudiesen surgir de repente. Me gustaría quedarme un poco más ahí, un poco menos de ese lado en el que me aguardas, tal vez más a mí que a la respuesta que te he prometido, pero ahora ya no depende de mí, es una pregunta que debe ser contestada aún contra mi voluntad, o la tuya, o la de Dios. De no ser así, el universo, la existencia en su más pura esencia perdería su sentido, su razón de ser, y ya sin propósito no habría más por qué existir. Y de pronto la respuesta, ansiada aparece en forma de esfera de brillante luz en el centro del infinito remolino galáctico y multicolor. La trato de tomar con mis dedos, pero esos se evaporan nada más tener contacto directo con la respuesta que brilla con la potencia de mil estrellas, o de dos mil novecientas cuarenta y una, en cualquier forma era mucha luz, al menos en apariencia. Al darme cuenta de que ya no tenía manos con que sostener esa esfera que contenía o era en si la respuesta que deseaba me abalancé sobre ella con todo mi cuerpo, perdiéndolo en el acto. Y me desvanecí en el interior incierto de la luminosa esfera.
Las máquinas que estaban conectadas a mi, pronto detectaron una alteración, se hizo la alarma, y se formó una carrera contra el invencible tiempo y un supuesto ataque del que mi corporación carnal era presa, lo sentía todo, cada uno de los aparatos tocándome, los hombres de blanco manoseándome y agujas que contenían sustancias que supuestamente ayudarían a controlar, mas no a resolver, la situación. Intentaba simplemente hablar, pero debido a un terrible entumecimiento de mis cuerdas vocales tan solo era capaz de jadear, de lubricar el espeso, tenso y desesperado ambiente con súplicas escuchadas casi en susurros dolientes y entre todo el ajetreo eran, por tanto, prácticamente inaudibles y pasados por alto. La situación empeoraba, cada vez más, a cada momento, las decisiones eran cada vez más apresuradas y equivocadas, pero el efecto de alguna droga antes administrada comenzó su manifiesto, casi al instante en que pude al fin responder, pero mis palabras fueron entorpecidas por esos mismos químicos y tan solo se escuchó un alarido desasosegador. Se determinó que había salido de aquel coma en el que yo mismo me había sumergido con el fin de encontrarme en la tierra del ensueño y encontrar en ella el centro de todo , el torrente de las arenas, la fuente de todo lo que puede existir en nuestra mente y por tanto en la realidad. Pues no existe realidad más cierta que aquella en la que estuve andando y peregrinando, y esto que llamamos realidad es solo el sueño de un lejano sueño del que podemos despertarnos en cualquier instante, somos ignorantes ante tanta verdad, tan abundante, tan escondida, y somos tan conformistas al creer que al perdernos en el sueño vivimos tan solo ilusiones sin darnos cuenta de que en realidad es nuestra vida, ilimitada lo que experimentemos y de este lado solo hay falsedad, lo etéreo nunca fue tan real. Días después pude al fin comunicarme verbalmente con tigo, y pude darte la respuesta. “Soñar es existir, que es más importante que vivir, al soñar somos nosotros tal como debemos ser, y no el producto de la imagen que nos da la carne”. Te he respondido, te he brindado el fruto de todos mis pasos invisibles del otro lado de la frontera onírica. No se por que sucedió lo que sucedió después, pero ya no es tan importante, el propósito ha sido cumplido, y lo que venga ahora es solo la inevitabilidad del devenir tan siniestro como suele serlo. Luego de un nuevo ataque he quedado conciente, pero completamente paralizado, con la capacidad para mover solo un par de mis dedos, se que pronto dejaras de venir, se que te olvidaras de todos aquellos placeres carnales que alguna vez te he brindado y que me tendrás como un mudo confidente o como un recuerdo que desearas olvidar, pero es algo que me preocupa tanto como el clima de neptuno para un pigmeo australiano. Pues ya sin propósito en este plano soy libre, un agente libre por fin, de las ataduras de la realidad diaria en este lado de la barrera onírica. Esta limitación física es solo apariencia de impotencia, del otro lado soy libre y feliz, soy el amo absoluto. Capaz de viajar entre los mares de las pesadillas y resultar victorioso, capaz de sumergirme en las orgías más extrañas y pútridas y resultar divertido y libre de mancha alguna, soy dueño de aquéllas ciénagas que alguna vez me apresaron y dialogo con los demonios de sangre hirviente con los que antaño he tenido algún encuentro. Visito cuando me plazca el palacio execrable de fachada adorable y pulcra que alguna vez contemplara. No debes compadecerte de mí, que ahora soy libre, y te visitaré siempre en tus sueños, porque ahora pertenezco a ellos como el mismo Morfeo alguna vez lo hizo. ¿Recuerdas la rígida sonrisa que ostentaba en mi coma autoinducido? Pues ahora también la tengo, pero esta vez es solo verdad.

martes, 28 de agosto de 2007

Yukoku - Yukio Mishima Harakiri scene

Enfrentando cara a cara a la muerte. Sepuku...

La Respuesta


La respuesta

En una ocasión me preguntaste si soñar era tan importante para vivir. Te pido perdón por no haberte contestado desde antes, te pido perdón por ser un iluso, por desaparecer tanto tiempo sin explicación. Ha sido con un buen motivo. Sin embargo hoy he de responderte. Difícil, pero no lo suficiente como para no sobrevivir, ha sido encontrar respuestas a las preguntas que nacen en el mundo del sueño, es regularmente más difícil salir que entrar. Cuando ahondé en el foso de nubes negras y púrpuras sentí que la respiración ya no tenía importancia ni sustento. No importaba sentir, no importaba el aire a mí alrededor, pues ya no existía tal. El hilo se introducía a mi boca poco a poco y sabía a metal, a plata, amarga y suave también. Al entrar todo en mi boca y atravesar hasta mi garganta una reacción oniro-química encendió un fuego en lo que suponía era mi corazón, pero, como mi respiración, los latidos ya no importaban, podían no existir y sin embargo seguir aquí. La oscuridad se extraviaba en las chispas luminosas y un entorno se hizo presente. Logré sacar la cabeza del mar, estaba ahogándome, no era agua en lo que nadaba, eran los sudores de la pesadilla, el miedo en su más pura forma. Y yo pataleaba para liberarme de los que me arrastraban al fondo, eran descarnados, con nariz de simio. Sentía la extinción en mi espalda, pero un poderoso remolino hizo retroceder el miedo y pronto quedé libre, alzado por la fuerza de eso que me arrastraba, girando a una velocidad tremenda casi irresistible que holgaba mis facciones por la presión ejercida.
No sabía en donde estaba, en que oscuro sitio me encontraba, pero entonces abrí los ojos y al cerrarlos veía lo mismo, los parpados no me impedían ver la realidad, no podía evitar ser testigo, no podía evitar ser un instrumento de vigilancia y contemplación.
Ahora yo solo existía en el sueño y la realidad como una unidad, como un solo universo de sustancia sinuosa y sensible. ¿Qué podría importar el mundo de antes, aquel que entre lumbre perversa, guerras inmisericordes, sensaciones imperdonables y culturas de superficialidad antes que entrañas reales, que solo te ofrecía esperanzas falsas?
¿En que me he convertido? Es una pregunta falsa. Siempre he sido, siempre he existido, es solo que no lo había descubierto. Es como caminar con un pié en el mar y otro en el completo vacío. Soy infeliz aunque eso no sea noticia nueva, soy etéreo, y existo tanto en el sueño como en la realidad.
Tubos donde se transporta vida están encarnados en mi alma física, aquella que está manchada de sangre en su interior, aquella que siente. Mientras en otro lado, uno muy lejano atravesamos las más impresionantes tierras y montañas, los valles más exuberantes, los más dorados ríos que desembocan en mares de vapores plateados. Todos nosotros, los prisioneros del sueño, errantes, vagabundos, caminantes y deambulantes de reinos aún no inventados y poco recordados por los que alguna vez los nombraron, o creyeron hacerlo. Éramos esclavos con cadenas de éter, con vendas hechas de párpados cercenados del Argos, tan solo para evitar que veamos lo desagradable, más allá de la belleza de todos los imperios oníricos que visitábamos y por donde vagábamos.
El aire que entraba a mis pulmones de carne no era mío, no me pertenecía, y yo quería escupirlo de mi cuerpo, vomitarlo junto con mi sonrisa perpetua y rígida que no me dejaba expresar más que lo que sentí una sola vez en todo un infinito. Escuché tus llantos y sentía tus dedos, pero no podía hacer nada al respecto, no quería hacer nada aún, me lo impedían tus lágrimas y mi sudor.
Mientras arrancaba las flores que crecen sobre las rocas entre musgo y hongos de algún valle sin nombre, cerca de un lacustre reino, donde crecían bambúes y papiros sumergidos en los lagos, sentía que rasgaban mi piel, como si estuviera siendo pinchado por alguna invisible espina. No vi sangre, como ya era costumbre en ese conglomerado de reinos y ducados de ensueño, todo era gaseoso, incluso mi sangre, en mis venas corría éter, y en mi mente no había nada. No importaba, no interesaba. Estaba ahí solo por una pregunta y estaba condenado a contestarla. Mientras notaba eso, la flor perdió sus pétalos uno a uno, sacándose primero y luego cayendo al suelo, cerca de mis pies, el último pétalo dejó correr una gota de sangre desde los pistilos. No entendía aún el porqué, pero tenía la enfermiza seguridad de que era sangre de mis venas.
Las gotas del suero se disolvían entre mi organismo al atravesar mi piel metido en ese minúsculo conducto metálico. La mujer de blanco iba y venía con pasos apresurados, como temiendo a la lentitud, como darse tiempo para estar solo un momento quieta y darse cuenta de que su vida era depresiva y sin sentido. Pero tu mirada enrojecida e hinchada me mantenía de algún modo misterioso junto a ti, aún cuando no importara si mis párpados servían o no.
Después de mucho andar, no dándome cuenta si utilizaba los pies para ello, o si tenía pies si quiera, descubrí un sendero empolvado y gobernado por musgo y tiempo desperdiciado. Luego de acabar el sendero distinguí en el sinuoso horizonte lo que parecía ser un formidable bastión, de un blanco pulcro y sin ninguna mancha. Representaba todo lo que yo nunca podría ser. No intenté acercarme, no quise, sentía miedo. Rodee la construcción pero al otro lado de esta no había nada, el sol huía de ese sitio, no había luz y la construcción era negra y ruinosa, lo que había contemplado era solo una fachada falsificada de lo que podría ser en verdad la verdad.
Siempre se me habían hecho tristes los hospitales, siempre se me habían hecho fríos y deshumanizados en sus fachadas, es increíble que la vida de muchos dependa de hombres con máscaras de rigidez perpetuas en un edificio tan gris y frío, inmisericorde como solo la muerte puede serlo. Ironías de esto que llamamos civilización.
Los pilares de un templo púrpura se encontraban tirados en el suelo, ahí donde antaño descollaban a las alturas, y desafiaban a la gloria rascando el ombligo del cielo. Podía ver el pasado de ese templo desde la perspectiva de un cristal azul, y también el destino de ese mármol violáceo con solo poner mis ojos detrás de un cristal rojo. Pero había también un cristal verde, al acercarme y observar a través de él noté que había un bacanal de proporciones olímpicas donde danzaban sátiros, lobos, hombres con laureles en el pene, y mujeres con tres pares de tetas, la orgía rebozaba de pecado, de licor y vino, de lenguas húmedas, de garras con sangre ajena y propia, de ratas paradas en cruces con la cola enredada en el cuerpo del barbudo crucificado, de todo lo que podría ser asqueroso y excitante nombrar. Solo me alejé. No por que no quisiera verlo, sino por que intenté no acercarme a aquellas sensaciones a las que había renunciado antes. Ahora no tenía sexo, ni sentía deseos de ello, no podía sentir el sabor del vino en mi boca, era incapaz de escuchar música alguna, pues mis oídos solo percibían el vibrar que se produce con el maravilloso resonar de las cuerdas de un onírico Orfeo. Pero no me desanimé ni un instante, porque no tenía razón para ello. Solo continué y dejé los cristales donde los había encontrado. Tal vez era lo mejor después de todo, dejar atrás lo que no podemos comprender, o lo que hemos perdido, por dedición o por estupidez, que suele ser lo mismo.
Es como si mis pulmones no fueran míos, es como si mi piel fuera ajena, prestada. Siento que estoy hueco, tal vez acorralado entre sábanas blancas, ásperas, casi tormentosas. Y mientras tanto, un líquido entra en mi torrente sanguíneo contra mi voluntad. Hoy no encontré tu mirada, hoy necesitaba verla, hoy si importaba.

jueves, 5 de julio de 2007

Deicide 'Homage for Satan'

La palabra ha sido vomitada, es hora de lamer la verdad.

La Esencia

La Esencia está viva, cada día respira de nuestro aire y se mueve por nuestro espacio. Somos miserablemente pequeños ante ella. Es nuestra creadora. Pero sus manifestaciones son desconcertantes y casi nunca agradables. Sus manifestaciones son seres. Algunos andan entre nosotros y otros se ocultan en las sombras del mito, mientras que a otros más les es indiferente nuestra existencia y nos pasan de largo. Ellos son los seres de la Esencia.
Soy alguien que ha vivido cerca de todo ello, y que ha tenido la suficiente suerte de sobrevivir o, cuando menos, permanecer cuerdo.
Cada caso del que yo tenga conocimiento en el que se sospeche de una manifestación tal ha de quedar plasmado en este lugar. Aún a costa de mi volundad.

Mapamundi maldito

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