jueves, 5 de julio de 2007

Deicide 'Homage for Satan'

La palabra ha sido vomitada, es hora de lamer la verdad.

domingo, 24 de junio de 2007

Relatos de la Esencia... De Horrores en Carne.


¡Horror! Lo que vi no se compara a pesadilla alguna, lo que presencié es solo un síntoma de alucinaciones infraterrenas, pero, no podría una ilusión hacer lo que “eso” le hizo al pobre hombre que me acompañaba.
¡Terror! Algo insoportable de concebir, y que sigue perturbándome cada vez que cierro los ojos y la escena aparece en mis miradas tras los párpados cerrados, tras lo que tengo de juicio detrás de mis ojos.
El recuerdo de aquella mortecina noche me acecha con maldad enfermiza. Deseo tan solo acabar con aquellas imágenes que tanto me atormentan, que solo horadan en mi cordura y pronto provocarán un aluvión de discordia que terminará por desquiciarme por completo. Y estas son las imágenes que veo, esto que narraré a continuación.
La luna se ha ocultado en un telón de nubes en el cielo emponzoñado de la ciudad. La polución ha creado una persistente niebla en esta metrópoli. Mi buen amigo, Lauro, me acompaña después de una reunión sin mayor importancia. Solo bromeamos de sinsentidos y vagancias. Todo era tan insignificante, desde el significado de la vida hasta lo que podría haber pasado alguna lata vacía en su travesía hasta el suelo. Escuchamos extraños rumores de algún animal gruñendo en las calles aledañas. Luego fueron más y en mayor volumen. No nos preocupamos, “perros callejeros” pensamos.
El paso por un puente bajo fue el escenario de la pesadilla. Nos acercamos en ávida charla y al final de esa calle vimos a alguien parado en la sombra de ese puente, parecía haber salido de entre la bruma espesa de sucio aire industrial. Caminaba con extraña lentitud hacia nosotros. No nos importó su identidad, podría ser un transeúnte cualquiera. Eso es lo que pudimos haber seguido pensando de no ser por lo que siguió. Cuando estuvimos a una distancia considerable observamos con horror como la cabeza del hombre caía al asfalto y su cuerpo seguía de pié. La testa de la criatura, pues no era un hombre, lo podría jurar, se levantó y tomó la forma de una extraña criatura con garras y dientes que gruñía. A la cabeza siguieron los brazos y el tronco, las piernas y el resto de sus pies pronto parecía una furiosa jauría de bichejos feroces y hambrientos de los cuales no deseaba estar cerca así que sin miramientos emprendí una desesperada huída que mi amigo Lauro imitó. Pero pareció no correr lo suficientemente rápido, pues pronto fue alcanzado por una extremidad monstruosa, creo que era la otrora mano derecha, y fue derribado. Quise acercarme para ayudarle, pero pronto se abalanzaron contra él el resto ce criaturillas y no quise ser el próximo. Un egoísta sentido común me ordenó continuar corriendo no obstante las desesperadas súplicas de auxilio de Lauro que agonizaba al ser mordisqueado vivo por esas entidades ultraterrenas y asquerosas, estos aullidos de mi amigo terminaron pronto, pues ya no tenía garganta con la cual exclamar ni suplicar.
Me culpan ahora de ese homicidio aún cuando las pruebas remiten al ataque de animales hambrientos. Me dicen que pudo ser una alucinación de mi parte, pero las alucinaciones ¡NO MATAN!
Soy una víctima, soy inocente, soy un testigo de los secretos demonios que se esconden y asechan en la noche. Lauro ha muerto y la ineptitud de las fuerzas que supuestamente nos protegen no han logrado descifrar su homicidio. Si me escucharan se darían cuenta. Pero se niegan por considerar mi declaración como evidencia de locura.
¡MUERAN ENTONCES, PIERDANSE EN SU EXCREMENTO! No los detendré, pero tengo razón y eso no podrán cambiarlo.

Opeth - The Grand Conjuration

Sacrificio invisible. El viento sopla desde los pulmones del Hades...

Oomph - Niemand

Ilusión. Deseos de realidad.

Nine Inch Nails -

Todos, espacir...

El viento no es gentil


Una inconmensurable distancia en años se hacía presente en los recuerdos de un hombre que no deseaba recordar más, que se quería olvidar tanto de su pasado que tan solo conseguía hacerlo más presente cada vez. Eran pasados que solo quemaban su corazón con una rabia incontenible y trágica. Un pasado lleno de una oscura melancolía que le subyugaba, un recuerdo que le mantenía en vigilia aquellas noches en que debía abandonarse al encanto del sueño. Su cuerpecillo se encontraba tendido en un cojín descomunal que le servía de dormitorio y en donde la exuberancia de la habitación, decorada con antiguos artefactos de guerra y obras maestras sustraídas siglos atrás, agoraba la magnífica situación del hombre que ahí mandase, aún cuando todos los tesoros que ahí se encontraban fuesen producto del latrocinio. Su estatura, ridículamente baja, jamás le molestó en lo absoluto, antes bien era una formidable ventaja ante los enemigos que le subestimasen en plena batalla, los cuales pagaban ese fatal error con una muerte terrible y dolorosa, sus costumbres eran de bárbaro. Pero los tiempos de piratería y guerras en mar y tierra habían acabado hacía siglos, y esa ventaja se había convertido en el recuerdo visceral de un pasado añorado, pero no eran las grandes lidias las que tanto atormentaban sus recuerdos, antes bien avivaban viejas y casi olvidadas glorias. Producto de sus legendarios atracos era su inmensa fortuna actual. Él era el poderoso adalid de una secreta e internacional organización criminal y terrorista. Pero todo ello no le ocupaba su mente, no eran miedos a perder su malsana fortuna o influencia, no era el recuerdo de sus víctimas, aquellas que murieron producto de sus infranqueables órdenes o del filo deletéreo de su cimitarra. Lo que ocupaba su mente era algo incluso más incomprensible. Una mujer, no era alguien que tuviera un lugar en su difunto corazón que desde hacía siglos no late, ni alguien que dominase su deseo. No se trataba de eso, era simplemente una mujer que conoció hacía mucho tiempo, a quién solo vio una vez y cuyo recuerdo le descontrolaba por el contenido de sus palabras. Una frase insulsa y rastrera que no necesitaba ser comprendida, pero que sin embargo este hombre de achaparrada catadura repetía incesantemente en su mente, produciendo, frecuentemente, un efecto de Jamais Vú que le atormentaban aún más de un incomprensible modo.
“El viento es gentil” recordó la frase en la dicharachera voz de aquella mujer. Una voz dicha en un tono tan ingenuo que tal vez pecaba de enfermiza y malsanamente inocencia. “El viento soy yo” pensó el enano, “soy el viento, de los más antiguos entre los míos, de los más poderosos, y de los más despiadados. He sido corrompido por una avaricia tal que puedo matar por una moneda de plata y he cegado cientos de vidas por solo una mirada desagradable o una leve contradicción. Yo soy el viento, y ¿a caso soy gentil? ¿A caso ese pusilánime errante de Lott me calificaría de gentil en alguna forma?”. Ese enano pertenecía a la raza del trotamundos perpetuo y pocas veces visto al que han nombrado Lott. Ese pensamiento era simplemente ridículo como lo era también el que su apariencia achaparrada provocase miedo y respeto en sus subordinados. Y ocupaba tarde y noche en pensar, en razonar sobre su supuesta gentileza, sobre ese misterio de una mujer, seguramente muerta hace siglos, que había pronunciado una mentira con apariencia de verdad, o viceversa. Esto encendía su corazón muerto con grave odio hacía algo indeterminado, como teniendo la clave de un enigma etéreo en la punta de la lengua y simplemente perderla en un profundo abismo de olvido. Presque vú. Y el enano se revolcaba en su descomunal cojín y se balanceaba de un lado a otro, sin hallar regocijo ni respuestas a preguntas que nunca se hicieron. Y sentía lástima de si mismo. Pobre Orestes, es el viento y su gentileza está perdida o nunca existió, y desde aquel lugar de olvido e insustentabilidad, esa gentileza convoca también a su cordura.

Relatos de la Esencia... Silenciado


Me dicen loco, dicen que padezco alguna rara anomalía psiquiátrica, algo semejante a la esquizofrenia paranoide, pero están tan lejos de la realidad que dan asco.
Rechazan la realidad como temerosos cachorros y encierran al profeta en una habitación con paredes acolchonadas, cerrando callando sus palabras con medicinas paralizantes y cuartos inaudibles, para que mi pregón de verdad sea silenciado, sea encerrado tras rejas que nada podrán lograr al final cuando la verdad de mis palabras sea evidente.
He hablado de todo lo que se esconde entre nosotros, de esos monstruos que usan nuestra piel como cubierta de sus siniestras corporaciones inhumanas, de los que gobiernan nuestras naciones desde las sombras, de aquello escondido entre lo antiguo de la tierra y que espera por ser despertado, de lo que está por venir y que definirá el futuro, ahora oprimido por la incertidumbre, de este tan insignificante pedazo de roca mohosa y flotante, este al que han llamado tierra. Pero han encerrado al único que conoce la verdad en este instituto de locura y podredumbre. Estoy en la letrina de la sociedad, el lugar donde pertenecen los que son rechazados por ser tan solo un poco diferentes y por ser, sin embargo, los más cuerdos entre los infames mediocres humanos que atestan las metrópolis.
Siento tanta impotencia, de no poder hacerme entender entre ellos, quiero de verdad salvarles las mugrientas vidas que tanto desperdician en forma desconsiderada y egoísta. De lo que hablo es de lo que se esconde en el anonimato y que desde ahí ejerce su influencia en el mundo. Como lo haría una plaga. Han vivido entre nosotros, a quienes nos ven a veces como un recurso de poder e influencia y otras veces como alimento. Son tan inteligentes que sin darse a conocer han sido capaces de gobernar nuestras naciones y de sostener secretas guerras por el dominio absoluto del planeta o por la imposición de sus propios intereses, sin preocuparles un comino el destino de esta pobre raza de la que se han aprovechado, y han criado como si de ganado se tratase. Pero como pueden hacerlo si encierran a sus profetas, si castigan a sus salvadores, si crucifican a sus Mesías.
Creo que después de todo, merecen su destino. De lo que hablo es de esos monstruos disfrazados de hombre y mujeres, que aprovechan la su incógnita naturaleza para ser invisibles a las leyes y regímenes humanos. Hablo del futuro apocalíptico, del presente que pareciera ser solo una constante serie negra. Hablo de los despreciables Seres de la Esencia. Escondiéndose tras las faldas del mismo hombre para ejecutar su infierno sobre las sociedades.
Pero me encierran tras acolchonadas pareces con una camisa de fuerza y no logro dar a conocer la realidad desde mi precaria posición.
Como dije antes, se merecen su destino…

La Esencia

La Esencia está viva, cada día respira de nuestro aire y se mueve por nuestro espacio. Somos miserablemente pequeños ante ella. Es nuestra creadora. Pero sus manifestaciones son desconcertantes y casi nunca agradables. Sus manifestaciones son seres. Algunos andan entre nosotros y otros se ocultan en las sombras del mito, mientras que a otros más les es indiferente nuestra existencia y nos pasan de largo. Ellos son los seres de la Esencia.
Soy alguien que ha vivido cerca de todo ello, y que ha tenido la suficiente suerte de sobrevivir o, cuando menos, permanecer cuerdo.
Cada caso del que yo tenga conocimiento en el que se sospeche de una manifestación tal ha de quedar plasmado en este lugar. Aún a costa de mi volundad.

Mapamundi maldito

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